No estaba segura de poder confiar en aquel hombre...Robin Holt llevaba toda su vida luchando para sacar adelante a su hijo Taylor, y siempre había sido consciente de que cualquier error los pondría en peligro. No había sido nada fácil huir durante tantos años y no pensaba estropearlo por un golpe de mala suerte. Había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado y ahora había llamado la atención de la policía del lugar, más concretamente del detective Matt Ridge, un hombre con sus propios secretos.Resultaría tan sencillo echarse en los fuertes brazos de Matt y permitir que lo arreglara todo. Pero Robin sabía que si se descubría su pasado, ambos quedarían en peligro.
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martes, 19 de octubre de 2010
A simple vista - Gayle Wilson
No estaba segura de poder confiar en aquel hombre...Robin Holt llevaba toda su vida luchando para sacar adelante a su hijo Taylor, y siempre había sido consciente de que cualquier error los pondría en peligro. No había sido nada fácil huir durante tantos años y no pensaba estropearlo por un golpe de mala suerte. Había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado y ahora había llamado la atención de la policía del lugar, más concretamente del detective Matt Ridge, un hombre con sus propios secretos.Resultaría tan sencillo echarse en los fuertes brazos de Matt y permitir que lo arreglara todo. Pero Robin sabía que si se descubría su pasado, ambos quedarían en peligro.domingo, 21 de marzo de 2010
Aguas turbulentas - Gayle Wilson
miércoles, 10 de marzo de 2010
El primer baile - Gayle Wilson
Justin Tolbert era un héroe de guerra y el nuevo conde de Wynfield, pero no el mismo hombre que lady Sarah Spenser había conocido...De repente, Sarah recordó vívidamente la noche en que había bailado con él por primera vez. El salón de baile londinense rebosaba de invitados y el calor resultaba asfixiante. Justin iba de uniforme, y el traje de su regimiento realzaba la perfección de su cuerpo y su rostro todavía juvenil. Sarah pensó entonces que no había hombre más apuesto en toda la estancia.Aceptó su mano con agrado y, cuando sonaron las primeras notas, se dejó llevar en sus brazos. Sus pasos se acompasaban a la perfección, casi sin pensar. Y bailaron juntos como si hubieran sido creados sólo para eso...
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