Habiendo hecho siempre lo que se esperaba de ella, Mila se viste como corresponde, solo sale con universitarios ejemplares y no hace preguntas. Ni sobre las ausencias de su padre ni por qué no le deja poner un pie en su lugar de nacimiento: Rusia.
Asfixiada por las reglas y la falta de respuestas, Mila hace lo que siempre quiso. Sube a un avión con destino a Moscú.
Nunca esperó enamorarse de un hombre en el camino. Uno con tatuajes en las manos y secretos en los ojos.
Pero la venganza es un plato que se sirve mejor frío, y no pasa mucho tiempo hasta que la hace su prisionera. Desafortunadamente, el invierno ruso es el más frío de todos, y Mila pronto descubre que la única forma de escapar intacta es lograr lo imposible: descongelar el corazón de su captor.


