Charlie está lejos de ser el príncipe azul romántico que Y comieron perdices espera. No cree en el amor verdadero, y solo ha accedido a estar en el programa en un intento desesperado de limpiar su imagen. Frente a las cámaras, es un desastre con ansiedad que no tiene ni idea de cómo salir con veinte mujeres en la televisión nacional. Detrás de las cámaras, es frío, complicado y está cerrado emocionalmente.
Mientras Dev lucha por conseguir que Charlie conecte con las participantes en una gira mundial frenética, ambos empiezan a abrirse con el otro, y Charlie se da cuenta de que tiene mejor química con Dev que con cualquiera de sus coestrellas femeninas. Pero incluso los realities tienen un guion, y para encontrar el «felices para siempre» tendrán que reconsiderar cuál es la historia de amor que se va a contar.
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