Zara vuelve a abrir la investigación.
La audiencia se dispara y Salt Creek queda en silencio después de su paso. Las palabras se apagan. Las puertas se cierran suavemente pero con firmeza. Quienes hablan lo hacen con cautela extrema, como si temieran ser escuchados. Zara se da cuenta de que ese silencio no es desconfianza hacia los forasteros, sino miedo a lo que ya vive entre ellos.
Entonces el sargento detective Garrett Pennell empieza a aparecer por todas partes. La advierte, la frena, la observa como si esperara el momento en que todo salga mal.
Pero sus advertencias no suenan a desprecio.
Suenan a miedo.
Zara sabe que debería mantener las distancias — profesional, personal y románticamente. Pero cuando el peligro se vuelve real, tiene que decidir: confiar en el hombre que se interpone entre ella y la verdad, o seguir investigando sola.
En Salt Creek, cualquier elección podría costarle la vida.
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