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jueves, 24 de junio de 2010

El hilo rojo - Firiel

Ninguno de nosotros nunca ha codiciado lo que las personas normales poseen o pueden llegar a poseer, nos entregamos en cuerpo y alma para lograr que todas las jugarretas de los dewellers no tengan resultados, esa siempre será nuestra vida y por eso adquirimos nuestro mayor placer.
O al menos eso siempre creí, nunca dudé en la entrega incondicional por parte de nosotros, nunca me consideré una criatura egoísta, ni mucho menos envidiosa… No, siempre fui una de las que creyó fielmente en los principios desinteresados. Sin embargo, mi vida dio un giro de 180º cuando lo conocí a él, un muchacho deseoso por encontrar a su alma gemela, un hombre que logró que me cuestionara por todo lo que había vivido hasta ahora, un joven que logró enseñarme lo que yo creí no era para mí.

domingo, 20 de junio de 2010

Hermanos Ruston - Firiel

1º EL COMIENZO
Rasmus se pasó la mano por su largo y liso pelo. Se tomó su tiempo en trenzarlo y amarrarlo como solía siempre llevarlo antes de decir cualquier palabra. Nicole tenía la mirada clavada en su bandeja y jugueteaba con la bombilla de su refresco. Seguramente pensaba que él se había molestado con ella y por eso no atinaba a mirarlo o a agregar nada más.
No podía negar que la pregunta lo había tomado completamente por sorpresa y tampoco podía negar que se sentía algo incómodo. No sabía cómo contestar ni sabía qué decir. Aún no se sentía preparado para hacer frente a aquel tema ni mucho menos hacerla partícipe en su vida pasada. A pesar de que quería confiar en ella y a pesar de que reconocía que le gustaba demasiado, aún podía sentir muy dentro de él un sentimiento de recelo a hablar sobre el asesinato de sus padres a cualquier persona.

2º LIBERTAD
Ella cerró los ojos y se dejó estar. La visión de Mere tan entregada entre sus brazos, era como un soplo de nueva vida. Ella abrió nuevamente su purpúrea mirada y le sonrió quedamente.
—Mi cabeza no te cree, Alex… a pesar de que mis ojos han presenciado la mayor parte de lo que me has dicho —contestó sin perder la serenidad, a pesar de que aquellas palabras significaron una puñalada directa al corazón.—Pero mi corazón te cree ciegamente, Alex —agregó tomando su mano y besando su palma. Aquello lo hizo sonreír—. Pero… no puedes negarme que todo es muy raro… yo… es que la historia suena tan…
—Inverosímil —completó él sintiéndose mucho más relajado—.