El embarazo inesperado resquebraja todas las relaciones de su vida. La leal amistad de Eve con Willa se vuelve tensa justo cuando más la necesita. Y resulta que es Shep, el hermano mayor de Willa, quien da un paso al frente para ayudarla. Siempre ha sido amable, pero ahora se interesa por ella, le manda almuerzos sorpresa, escucha todas sus quejas y es… ¿de repente bastante atractivo? Luego, como si hiciera falta una complicación más, está el padre del bebé, que es (técnicamente) comprensivo, pero (en gran medida) conflictivo.
Hasta ahora, Eve se había conformado con dejarse llevar por la vida. Pero ahora —tal vez sean las hormonas, tal vez sea el aspecto de los hombros de Shep con esa camiseta—, Eve empieza a preguntarse si ha estado deseando algo más en todos los aspectos de su vida, sin darse cuenta.
A lo largo de nueve meses, mientras Eve lucha por averiguar el siguiente paso correcto en su realidad en expansión, comienza a darse cuenta de que la familia y el amor, en todas sus formas, pueden sorprenderte cuando menos lo esperas.

