Zsadist abrió los ojos, instantáneamente hiper-consciente. La habitación estaba negro alquitrán… que era lo que querías cuando la luz del sol podía ponerte en la tumba y eran las tres de la tarde. Y en el pasado, hubiese ido primero a por su arma… espera, su palma ya estaba bajo su almohada y sujetando su Glock.
Relax, entra en pánico, se dijo a sí mismo. Respirando profundamente, puso en marcha la parte lógica de su cerebro e ignoró su glándula suprarrenal con todo tipo de “estás en casa y a salvo” y “no hay alarmas sonando” y “respira de nuevo, imbécil.”
A su lado, su shellan, Bella, se revolvió, y sip, iba q salir de la cama arrastrando los pies, la clásica respuesta de madre que hacía que una hembra se levantase y se moviese hacia sus hijos antes incluso de ser conscientes.
-La tengo -dijo él, cogiéndole la mano y tirando de ella de vuelta abajo-. Tú te levantaste la última vez.
Bella bostezó con fuerza, su mandíbula chasqueando.
-Eso era como hace seis meses. Cuando tuvo problemas de estómago.
-Pudo haber sido hace diez años. No quiero que hagas esto sola.
La risa que llegó hasta él fue amor en el aire.
-Eres increíble.
-Llamaré por apoyo si lo necesito.
Saliendo disparado del colchón, siguió sigilosamente a través de la gruesa alfombra. Aunque Nalla estaba en la habitación de al lado, desde que había dejado la cuna, él se iba a dormir con bóxers. Le había llevado tiempo acostumbrarse a ello, pero simplemente no se sentía cómodo con sus genitales dispersos si se abría la puerta entre las suites.
El pomo estaba caliente y las bisagras no hicieron ningún ruido cuando abrió la puerta. El olor de la habitación le hizo sonreír. Cosas dulces, cosas de niñas, como champú de fresa y muñecas que olían como flores y sábanas secas con olor a lavanda de la colada. La luz también era rosa, brillando sobre las estanterías que estaban llenas de delgadísimos tomos que tenían más dibujos que palabras.
Nalla estaba incorporada y parpadeando como si no viese nada, sus enormes ojos amarillos desenfocados, su pelo multicolor por todas partes, recordándole a una ensalada revuelta.
En el momento en que su presencia fue registrada, ella se giró y levantó los brazos.
-¿Papi?
Él se acercó, se sentó y la abrazó fuerte.
-¿Qué pasa, mi nalla?
Su cuerpo era tan enorme que le pareció como si acaparase toda la maldita cama, pero cuando ella se acerco a su pecho, se sintió bien sobre su peso. Quería ser grande como una jodida montaña por ella. Quería ser el Everest con una boca llena de hojas serradas, puños entrenados del tamaño de coches y con un arsenal de armas de grado militar sobre sus hombros, caderas y muslos.
-¿Otro mal sueño? -susurró mientras alisaba su pelo-. ¿Más del hombre sombra?
-¿Por qué? -gimoteó mientras asentía.
No lo sabía, ¿pero si pudiese entrar en sus sueños y cazar al hijo de p***? No más pesadillas, nunca.
-Estoy aquí. Estás a salvo ahora.
Dios, era tan pequeña. Le aterrorizaba. Y mientras miraba alrededor de la habitación, deseó que estuviesen en un búnker kilómetros bajo tierra. Había habido veces en las que se había sentido vulnerable antes, ¿pero después de que Bella hubiese dado a luz y ambas sobreviviesen? Caminaría a través del infierno para protegerlas.
Lo siguiente que supo es que estaba cantando, pero no podría decirle a nadie el qué. Sin embargo, su cuerpo se mecía suavemente y Nalla se acurrucaba más cerca.
No estaba seguro de a quién estaba reconfortando. A su hija o a sí mismo.
*****
Bella no podía aguantar más tiempo. No había más sonidos preocupantes, ni destellos de angustia de su hellren, nada más que tranquilidad desde el monitor y el resto de la casa. Y lo último que quería era que Zsadist sintiese que no podía manejar las cosas. Porque podía.
Simplemente era… bueno, era mamitis. Necesitaba saber que todo estaba bien.
Deslizándose de entre las cálidas sábanas, cruzó la alfombra. Llevaba una de las enormes camisetas de Z, y le hacía cosquillas al final de las rodillas y hacia bolsas en sus antebrazos incluso aunque era de manga corta y a él le sentaba perfectamente.
Habían trasladado a Nalla a la habitación de al lado para poder tener algo de privacidad unos seis meses atrás, y la niña era una campeona. Pero de vez en cuando…
Bella abrió la puerta y se detuvo en la entrada. Y con una avalancha de calidez supo, como en tantos otros momentos, que lo que vio a través de la habitación de la pequeña era algo que recordaría hasta el día que muriese.
La que era la cama de Nalla, con dosel rosa y un festín de volantes, era tan desmesurada, que les había llevado a ambos, ella y Z, algo de tiempo acostumbrarse. ¿Pero cuando mencionabas una noche en la Última Comida que estabas pensando en trasladar a tu hija q una cama de chica grande? ¿Y la Hermandad tenía puesta la oreja? Ese grupo vestido de cuero, que llevaban shitkicker, cargas de pistolas, y sobrecargados de testosterona que eran sus tíos se convertían en fulanas del Pottery Barn and Beds y el Bath and Beyond. En menos de veinticuatro horas, Fritz había sacado más cajas de la furgoneta que más de las que llevaban los aviones de correo a través del país.
Y sip, era como si hubiese explotado una botella de Pepto-Bismol, pero la cara de Nalla se había iluminado en el momento en que entró y el escuadrón de Cariñosos Tíos, Maldición, que era como se llamaban a sí mismos, se habían derretido en charcos de Hermanos.
En la cama, Z estaba sentado con Nalla en su regazo, sus abultados músculos formando una jaula alrededor del diminuto cuerpecito, sus ojos cerrados, su cara marcada compuesta en líneas de profundo amor.
-… me haces felizzzz… cuando los cielos están grises…“
Su mano de la daga, encallecida por la guerra, suave por el amor, acariciaba esos rizos multicolor que terminaban en montones.
-… nunca sabráaaaaaas, cariño…
Y su voz. Esa voz, Dios, esa voz. Tan clara como el cristal, con bajos tan profundos como un océano y altos más altos que los cielos, era el tipo de cosa que convertía tu cuerpo en un diapasón incluso si no estabas predispuesto a la música.
-… cuánto te quieroooooo…
Nosotros hemos hecho eso, pensó mientras le miraba. ¿Esa preciosa e increíble criatura a tu lado? La hemos hecho juntos.
-… así que por favor no me quiteeeees mi sooooool…”
Él levantó la vista en ese punto y se sacudió un poco con sorpresa. Había una expresión de timidez en su cara… la cual era tan él. Incluso por ella, no le gustaba ser pillado desprevenido. Pero ella no se ofendía por eso. Sus defensas habían aprendido por las malas de la forma más degradante y brutal, y ella siempre les daba espacio para respirar y relajarse. Y a su alrededor y el de Nalla, siempre lo hacían.
Bella le lanzó un beso y vocalizó las palabras que no solo estaban en su cerebro, sino en su corazón y su alma.
Te.
Amo.
Y luego se retiró, dejando a padre e hija ser. Volviendo a su cama de emparejamiento, se estiró en el lado de él y puso la cara en la almohada que olía como su aftershave. Cerrando los ojos, se sintió más rica que cien mil reyes.
Por otro lado, ¿cuando tenías a tu familia cerca? Eso era más incalculable que cualquier mina de diamantes, que la más resonante de las sinfonías, que el más hermoso de los amaneceres que habría jamás.
Mil gracias a HDN fans!

















































