1º EL DUQUE DESNUDO

La sorpresa de su vida...
Sofisticada. Escandalosa. Definitivamente, la señorita Sarah Hamilton, una buena chica de Filadelfia, encuentra a la sociedad londinense completamente impactante. ¿Cómo es posible que haya despertado de su inocente sueño al lado de un atractivo –y completamente desnudo– hombre? Las risas de los molestos espectadores detrás de la puerta no son de ninguna ayuda y está completamente convencida de que ese lunático no puede ser un duque... ¡tal y como afirma ser! Está comprometida... ¡pero ni por todo el oro del mundo se casará con él!
Su momento más dulce...
James, Duque de Alvord, está encantado ante su inesperada compañera de cama –y nada atemorizado por su femenina furia. Ciertamente las circunstancias y el lugar en el que se han conocido son excepcionales, pero esa salvaje americana –que no hace más que aporrear su almohada– es una auténtica belleza. Si Sarah se limitase a escuchar su razonable explicación de lo que ha sucedido, seguro que conseguiría cautivar su corazón... para siempre.
2º EL MARQUES DESNUDO

ÉL ERA UN HOMBRE PRÁCTICO...
A la hora de proponer matrimonio Charles Draysmith era tan romántico como los fríos páramos de Diciembre. Puede que Emma Peterson fuera la hija de un simple vicario, y que él sea el nuevo Marqués de Knightsdale, y puede que quisiera casarse con ella para tener que evitar buscar una prometida entre las insulsas damas de la sociedad. Pero el colmo de los colmos llegó cuando tuvo la osadía de decirle lo mucho que iba a disfrutar "haciéndola" un heredero... y es que hay cosas que una dama no puede permitir.
PERO ELLA ERA TODO PASIÓN...
Las mujeres tienen ese "algo" que consigue atraer la atención de un hombre. Puede que su propuesta carezca de gracia, se dice a sí mismo Charles. Pero es la solución perfecta: él consigue una esposa, sus pequeñas "cargas" consiguen a la madre que tanto necesitan, y Emma obtiene una vida segura y una buena posición en la sociedad. ¿Lo ves? Así de simple. Práctico. Sensat... -¡oh no!, no me lances la figura de porcelana... Vale, lo mejor es que le confiese la verdad para calmarla. Y la verdad es que está loca y completamente enamorado de ella.
2.5 EL LAIRD DESNUDO

La fiesta en casa del vizconde prometía ser una de las mejores de la temporada, y Lord y Lady Kilgorn están encantados de asistir. Ojalá este matrimonio separado se hubiera dado cuenta de que ambos estaban invitados, y que se les había asignado el mismo dormitorio…
3º EL CONDE DESNUDO
La cogió por sorpresa. Cuando un hombre desnudo entra por la ventana de su alcoba, Lady Elizabeth Runyon hace lo correcto: Grita con todas sus fuerzas. Y luego... bueno, Lizzie ya está harta de hacer siempre lo correcto. Ahora quiere ser más descarada. Incluso lasciva. Nadie la obligará a que se ponga el camisón. Esta vez va a ser del todo atrevida. Ella le devuelve el favor. Robert Hamilton, Conde de Westbrooke, no tiene ninguna intención de que una detestable mujer le engañe para casarse con él, y si para evitarlo tiene que huir desnudo por el tejado, lo hará. ¡Genial! Una ventana abierta le aguarda... y también la fascinante y hermosa Lady Elizabeth, sin ropa y un poco ebria. ¡Vaya por Dios! Si les pillan juntos, tendrá que casarse con ella. La idea es deliciosa... y la tentación es irresistible.
4º EL CABALLERO DESNUDO
John Parker-Roth no puede creer que el matrimonio sea un requisito necesario para alcanzar la felicidad. Preferiría dedicarse a sus intereses en la horticultura, pero si algún día encuentra una mujer que comparta su pasión por las flores, una mujer juiciosa y sosegada, podría reconsiderarlo. Sin duda la encantadora joven que le ha caído en el regazo no es dicha mujer, pues no posee ninguna de tan admirables cualidades. No obstante, la señorita Margaret Peterson tiene muchas cosas a su favor. Para empezar, es una auténtica rosa inglesa, que adquiere un delicioso tono rosado cuando se ruboriza. Y no está totalmente vestida. Su carnosa boca suplica ser besada. Ojalá no se moviera de ese modo tan....¡Ay, Dios! John no puede ignorar la repentina visión de tenerla en su cama, pero debe hacerlo.
«¿Qué?» ¿De veras le está pidiendo Meg que la bese? Vaya, vaya, vaya. John Parker-Roth es un caballero de la cabeza a los pies. Y no puede negarse a cumplir la petición de una dama...