Quizás yo también sería diferente.
Quizás no necesitaría sus hambrientos ojos y sus exigentes manos en la oscuridad.
Pero así es como estamos juntos, cada vez.
No es mi amigo, ni mi novio, pero a veces voy a su habitación después de que se pone el sol. Lo necesito. No por palabras dulces o suaves besos, sino porque sus brazos, como la luz parpadeante de esa única vela, son lo único que puede contener la noche.
Mil gracias a RIP!



