Su libertad.
Su inocencia.
Incluso su nombre.
Ya no la llamaré Deirdre O'Malley, sino Deirdre Titone.
Mi esposa.
Lo quiera o no.
Es la única forma real de demostrar a esta ciudad a quién pertenece.
La única forma de decirle al mundo que está tan protegida como poseída.
La mantendré a salvo, aunque ya no quede nadie que la mantenga a salvo de mí.
Mi ruiseñor me hizo volver a creer en las almas.
Y tal vez no tenga una.
Quizá nunca la tuve.
Pero ella sí.
Y no pararé hasta haberla tomado junto con todo lo demás.
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