Para escapar de la ira de sus enemigos, Keren se ve forzada a un exilio lejano y peligroso, huyendo de Babilonia hacia Ecbatana con la ayuda encubierta de los hijos de Daniel. Sin embargo, su destierro es solo el comienzo de una misión orquestada por la providencia divina.
En la corte meda, Keren es designada para educar a un misterioso pastorcillo que guarda un secreto de sangre real.
