De día trabajaba con una reputación intachable. Incluso los asesinos necesitaban planes de respaldo. Durante quince años, la vida transcurrió sin sobresaltos hasta que tuve que eliminar a un testigo. Cuando llegó el momento de matarlo, unos hermosos ojos llenos de miedo me instaron a hacer otra cosa. Sin embargo, para hacerlo, tenía que quebrarlo, y por medio del dolor, mi prisionero conocería un placer que jamás había soñado.
Mil gracias a TA!
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